domingo, 26 de junio de 2016

La maravilla de la madera


Se extrae madera en Topes de Collantes

Sembrar, revisar si entre la tierra y la simiente se produjo esa mágica simbiosis que permite vislumbrar un árbol vigoroso, o en caso contrario, volver a plantar; talar para cumplimentar planes socioeconómicos y reponer allí mismo para tiempos futuros; limpiar las áreas amorosamente, pese al tórrido sol; hacer del ruidoso aserrío el día a día, con su ronroneo, su polvo, para que al final salga una buena producción… Así es la vida de los trabajadores forestales.

Es labor antiquísima, porque es la madera de los materiales usados por el hombre para cobijarse y construir sus primeras escuelas, iglesias, comercios, y otros centros sociales. Trinidad misma, en sus inicios, no fue otra cosa que madera por doquier, hasta que los peligrosos incendios aconsejaron y obligaron a utilizar algo más duradero y fuerte.

Pero sigue la madera como signo distintivo en los antiguos muebles, cada día con mayor valor, en las puertas hechas para resaltar lo artístico en lo artesanal; los balaustres de las ventanas, renacidos al calor del desarrollo turístico, aportando sobriedad y elegancia…

Del quehacer de los forestales salen todas esas maravillas y aun otras más. Ahí están para la eternidad, causando el asombro de lugareños y visitantes, que, ni por asomo, piensan en quienes sembraron, cuidaron, talaron, les dieron forma. Esos hombres y mujeres que habrá que reconocer siempre.

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